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Deliberación contra proselitismo

Las siguientes palabras de Giorgio Silfer ejemplifican una de las críticas que se oyen de tanto en tanto respecto a la deliberación indiana:

Un problema aún mayor […] es la comunicación […]. La microsociología da sus primeros pasos en relación al mundo virtual, pero desgraciadamente ya usa un léxico tan particular que difícilmente puede atraer a los profanos. Es como leer un texto de un intelectual marxista que describe la estructura de la sociedad usando una terminología completamente propia […].

Los críticos no comprenden que nuestra deliberación tiene un contexto claro que es el de la comunidad indiana (y su entorno), que —como cualquier comunidad real— ha acabado desarrollando su propio conocimiento.

Así, ellos exigen que todo debate que se desarrolle en abierto (p.ej. en la blogosfera) haya de ser fácilmente accessible a cualquiera, es decir, que se desarrolle exclusivamente en torno a un supuesto conocimiento e imaginario común a todos. Es esta una postura que, al no tener en cuenta a la comunidad real donde tiene lugar la conversación, toma un sentido universalista (cuando no se limita a comunidades imaginarias como la nación). Ahora bien, como el conocimiento sólo tienen sentido en comunidad, lo que piden haría imposible el desarrollo de una deliberación fluida en una comunidad real, obligándolos a evitar tratar temas y conceptos propios o forzándolos a describirlos reiteradamente. En serio, ¿se imagina alguien a la comunidad científica (una de las que más conocimiento genera) debatiendo así?

Bien al contrario, los indianos no sólo desarrollamos una conversación ágil enmarcada en nuestra comunidad y basada en nuestro conocimiento, sino que al mismo tiempo la mantenemos abierta gracias a los enlaces a la Indianopedia que proporcionan el contexto necesario para quien quiera profundizar en ella. Pero ahora bien, que la conversación se dé en abierto y permita la interacción con otros no significa que incorporarse a ella sea un acto que no necesite un esfuerzo. Y el esfuerzo que cada uno quiera dedicar ya depende de su voluntad.

Finalmente, la pretensión de que la conversación haya de ser igualmente interesante y atractiva para todo el mundo no sólo se me antoja universalista, sino también proselitista. Y el proselitismo no es una de las características de la deliberación. Es más, mientras que aquél tiene como propósito captar la atención o la voluntad del mayor número posible de lectores, la segunda se hace por el propio placer de hacerla. La gracia es que se trata de una diferencia paralela a la que (como narra Douglas Rushkoff en Ciberia) se da entra el hacker —que actúa impulsado por la pasión— y el cracker —que actúa con un propósito.

Qué cierto.... no había

Qué cierto.... no había pensado en la relación entre universalismo y proselitismo que explicas en el post. Ay... la mirada desde el punto de vista de Dios no puede permitir, ya no que uno coma del árbol del conocimiento sino que se pierda en la enredadera de la deliberación... y descubra lo que es, realmente, el conocimiento. ¡Un abrazo!