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El reflejo exagerado del mundo sobre unas gafas de espejo

Siguiendo con las lecturas del Itinerario Indiano, hoy comentaré Mirrorshades, una antología de relatos breves de los principales autores ciberpunk de la primera mitad de los años ’80. La selección realizada por Bruce Sterling parece exhaustiva y diversa, y espero que me valga para descubrir las características principales de este movimiento literario.

Si hay una cosa que me llama la atención de la literatura ciberpunk es que, a diferencia de otras corrientes de la ciencia-ficción, suele presentar un mundo ahogado por problemas sociales, políticos y económicos que se antojan inquietantemente plausibles. ¿Por qué? Pues probablemente porque se basen directamente en los del mundo de los años ’80, problemas que uno aún recuerda haber visto en los noticieros y que han derivado directamente en el presente que conocemos. Por ello puedo comprender que la lectura de ciberpunk en su época fuera tan estimulante y perturbadora como lo puede ser hoy leer o ver Children of Men, con todo su repertorio de temas tan familiares como la inmigración, la destrucción del medio ambiente, el terrorismo o la escalada represora de los estados.

Con este telón de fondo, los autores ciberpunk realizan una crítica feroz de su sociedad, extrapolando en el tiempo algunas de sus características peores, como el reflejo de unas gafas de espejo aumenta y distorsiona la realidad que tiene delante:

  • El poder de las corporaciones: El ciberpunk es despiadado con las ansias de control político y económico de esta última expresión del capitalismo de los ’80. Altamente jerarquizada y destructora de la vida y ética de sus trabajadores y directivos, la corporación multinacional explota a placer tanto a la naturaleza como a las personas sin el menor remordimiento por el impacto ecológico, social o individual de sus actos. Pero el autor ciberpunk no es maniqueo y parece admitir que la corporación también es en parte fuente de progreso económico y social (a menudo malinterpretado como simple inundación de mercancía y formas de vida occidentales). Esta dualidad se puede ver en los relatos Stone Lives y Till Human Voices Wake Us, quedando perfectamente plasmada en Mozart in Mirrorshades (que comentaré con mayor detalle más adelante). Cuando se hace referencia a los gobiernos, o bien se encuentran claramente al servicio de las corporaciones, o bien tienen una importancia nimia en comparación con éstas (en clara referencia al Reaganismo).
  • La Guerra Fría: En los ’80 el hundimiento de la esfera soviética era cercano, pero los autores ciberpunk no parecían esperarlo tan pronto y muchas narraciones continúan inscribiéndose en un mundo dividido en bloques este-oeste. Con la excepción de Red Star, Winter Orbit, la influencia en la narración no suele ser muy directa, pero continúa impregnando su realidad. También da pie a referencias de apocalipsis bélica, sutiles como el vídeo musical de Tod en Solstice o radicales como el mundo arrasado habitado por mutantes de 400 Boys. El terrorismo como siguiente motivo de conflicto internacional comienza a mostrar sus garras, y más de un teórico de la conspiración se comería las uñas poniéndose a comparar los ataques del 11 de setiembre de 2001 con la introducción de Freezone. La fragilidad y dependencia de la economía americana (del petróleo, de los bancos… del dominio geopolítico en general) también la convierte en blanco perfecto de los hipotéticos giros bélicos de los ciberpunks (véase Freezone y Red Star, Winter Orbit).
  • La sociedad en crisis: La ficción ciberpunk suele reflejar sociedades capitalistas avanzadas donde cada individuo ha de sacarse las castañas del fuego sin ninguna clase de apoyo por parte de una sociedad que igualmente ya no tiene la más mínima cohesión para ofrecerlo. Los lazos tradicionales se rompen y las personas huyen de sus problemas refugiándose en las drogas (absorbidas por la industria del ocio como casi todo lo que no es trabajo —véase Solstice o Freezone) o incorporándose a toda clase de tribus urbanas, corrientes estéticos o celebraciones de aire ancestral que les den protección o les hagan volver a sentirse parte de un grupo humano (Rock on, 400 Boys, Solstice, Freezone). Estas observaciones sobre comunidades, rituales en grupo y la omnipresencia del ocio como forma de huida me recuerdan ciertos aspectos de La Era del Diamante, libro que leí ya hace tiempo y que espero reencontrar en este itinerario.

Como las buenas historias fantásticas (estoy pensando en Philip K. Dick i Ray Bradbury), las narraciones ciberpunk se desprenden mediante la tecnología y la ciencia-ficción de aquellas limitaciones de la realidad que les impiden realizar su crítica de la sociedad y la condición humana. Escapismo (esa expresión tan frecuentemente aplicada a la ciencia-ficción) es ciertamente la última palabra que me viene a la cabeza con el ciberpunk.

Aviso: el párrafo siguiente puede ser un spoiler. Aquí me quiero referir concretamente a Mozart in Mirrorshades, pieza paradigmática en el uso del mecanismo narrativo anterior. Los autores presentan la posibilidad de viajar en el tiempo de forma que cuando se altera el pasado, se crea una nueva rama temporal y el presente se mantiene invariado. Sobre esta premisa construyen una ficción donde la sociedad explota los recursos de épocas pasadas ofreciendo a cambio tecnología que los locales asimilan mejor o peor. En una primera lectura podría parecer una metáfora sofisticada de la explotación por parte de los países ricos occidentales de los países pobres y atrasados del tercer mundo, pagada con la moneda de la dependencia del consumismo. Pero la premisa del viaje en el tiempo permite a los autores lanzar una cuestión moral más profunda: ¿respetaría nuestra sociedad consumista otros entornos y sociedades si tuviera la opción de explotarlas sin ningún tipo de consecuencia práctica sobre ella misma? Sería curioso ver dónde quedarían las repentinas ansias ecologistas de tantos gobiernos y corporaciones puestos en una tesitura como la anterior…

Con todos los problemas enumerados anteriormente y sus extrapolaciones en la ficción, no es nada de extrañar que aquel futuro brillante de la ciencia-ficción clásica no sea más que un espejismo obsoleto y una pérdida de tiempo tanto para la sociedad en viven los autores ciberpunk (magnífico retrato en The Gernsback Continuum) como para aquéllas que crean en la ficción (ídem para Red Star, Winter Orbit).

Y no será por el despliegue de tecnología avanzada de que hace gala el ciberpunk: inteligencias artificiales, sensibilidades extendidas o conectadas electrónicamente, drogas de efectos precisos, clonación, viajes en el tiempo… Pero, ya sea por la apatía social hacia la exploración de nuevas fronteras o porque no representen más que extrapolaciones de la ubicua tecnología de consumo, las tecnologías más revolucionarias suelen acabar teniendo usos banales o muy por debajo de sus posibilidades, al servicio de corporaciones (Snake-Eyes, Stone Lives), restringidas a la industria del ocio (Rock On, Solstice, Freezone) o pervertidas para beneficio de unos y perjuicio de otros (Mozart in Mirrorshades).

Ah, pero el autor ciberpunk no siempre se da por vencido, y pone en ocasiones esas ansias de exploración en sus personajes, que se ven empujados a aceptar el riesgo de convertirse en marginados sociales, como los implantados protagonistas de Snake-Eyes, pero sobre todo los de Red Star, Winter Orbit.

Y es que el autor ciberpunk sabe que la tecnología puede ofrecer mucho más, siente que las posibilidades son casi infinitas, que puede hacernos ver el mundo y relacionarnos de formas nunca antes concebidas, o incluso permitirnos crear nuevos mundos con nuevas reglas donde (como en Petra, la narración menos tecnológica de todas), tomando como única referencia el ser humano y sus deseos y potencialidad, podamos construir a partir del caos nuevas sociedades libre de la oscuridad y las limitaciones del mundo físico.

Adelante!

Buen post! A ver si recuperas terreno, que ya llegamos a "La Era del Diamante" :)

Máquinas de Turing

¡Gracias, David! Sí, a ver si ahora que ya he cumplido algunos compromisos ;) tengo más tiempo para el Itinerario.

Hay que ver, y pensar que una profesora y amiga me pasó hace años La Era del Diamante para que me lo leyera con la excusa de todas sus referencias a las máquinas de Turing y la Teoría de la Computación (ella impartía Teoría de Autómatas y Lenguajes Formales). ¡Cuántas vueltas da la vida!

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[...] tenga curiosidad, he adjuntado a mis artículos anteriores sobre Zonas Temporalmente Autónomas y sobre Mirrorshades las notas personales que iba tomando mientras leía los textos originales. ¿Qué tienen que ver [...]

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[...] aumenta la sociabilidad, y mientras el Batman de Miller vive desesperado en el caos social y el el ciberpunk primero de Gibson o Shirley arrastra la problemática social de los '80, las Tortugas Ninja y los [...]

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[...] no repetir el ladrillo de comentario que solté sobre Mirrorshades (que en su mayoría continúa siendo válido para la colección que nos ocupa), me centraré en los [...]

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[...] cuento es muy entretenido y se aleja bastante del ciberpunk «clásico» (del que Sterling es padre), aunque mantiene algunos de sus temas favoritos como el [...]